domingo, 31 de mayo de 2009
sábado, 30 de mayo de 2009
institutos interesados en la alimantacion antigua
En cualquier civilización el arte culinario muestra una característica muy importante de su cultura, su forma de vivir y de pensar, por ello , estudiando qué comían y cómo comían los romanos podremos aprender más sobre nuestros antepasados y su legado en nuestra cultura occidental.
La cocina romana presentaba tres características, en primer lugar debemos tener en cuenta que existían platos para los ricos y otros más humildes para la población en general, hecho que demuestra la clara diferenciación social del mundo romano. En segundo lugar, la cultura romana y su cocina sería la conjunción de otras culturas como la etrusca, la fenicia, la egipcia y , principalmente , la griega, motivo también comprensible con su evolución política e histórica . Por último, como en cualquier otra civilización , su cocina y modo de comer evolucionó con el paso del tiempo.
En tiempos muy antiguos , su forma de comer era muy austera, la población se alimentaba de pan, queso, cereales, legumbres, verduras y frutas. Mientras que la gente rica añadía a los productos mencionados el consumo de carne, pescado y vino clarificado. A finales del s. II a C, cuando los romanos descubrieron el refinamiento de las cortes griegas , se produjo un cambio general en la manera de vida , con lo que los menús fueron más variados y sutiles , y la gastronomía adquirió su máximo apogeo .
En conclusión, vemos que su cultura culinaria ha dejado un gran legado en nuestra cultura occidental, no sólo en nuestra dieta mediterránea, sino también en nuestras costumbres cotidianas
UNA CENA ROMANA
Desde hace varios años el alumnado de Clásicas del IES nº 1 de Requena (Valencia) realiza durante un día una jornada de cocina y de vestimenta romana.
La propia evolución de las jornadas y la experiencia ha dado como resultado unos cambios a lo largo de los años. En un primer momento, la actividad se planteó desde el punto de vista de la competición entre grupos bien seleccionados que debían cocinar el mismo menú. Un atrevido y , a su vez, aterrorizado jurado decidía los ganadores tras degustar sus guisos.
Con el tiempo se abandonó la idea del concurso, en beneficio de una visión más lúdica de la actividad, por lo que actualmente el objetivo de la jornada es , además de pasarlo bien, aprender e investigar sobre el arte culinario de los antiguos romanos y su legado en nuestra cultura.
A su vez, la introducción de varios elementos clásicos, como son la vestimenta clásica, los peinados , la música, los adornos antiguos para ambientar el aspecto culinario (flores, velas, incienso, frutas, manteles, etc), sin duda, han proporcionado desde el primer momento un aire más fidedigno y festivo al evento.
domingo, 19 de abril de 2009
Apicio, ese gran desconocido
Manuel Cabello | Badalona | www.elperiodico.com 27/03/2006
El Museo de Badalona imparte un curso práctico de cocina romana a una treintena de personas. Los participantes esperan aplicar las recetas aprendidas.
¿Quiere sorprender a sus amigos con una cena original? Prepare entonces una comida romana. No, no, nada de pasta y pizza, sino un auténtico ágape como los que se preparaban en el antiguo Imperio romano, digno del hacendado gastrónomo Apicio, autor de un célebre recetario de la Roma clásica.
¿No sabe cómo hacerlo? Debería haberse apuntado al primer curso de cocina romana organizado por el Museo Municipal de Badalona. Una treintena de curiosos y una docena de restauradores locales lo han hecho. Si no quiere esperar a que el año próximo se organice un segundo curso, tome nota de algunos consejos para epatar a sus invitados.
Olvídese de alimentos hoy esenciales en cualquier cocina, como la patata, el tomate, el arroz, el maíz o el chocolate, puesto que no consta que los romanos descubriesen América antes que Colón. Tampoco conocían el azúcar, utilizaban la miel para endulzar. Ni usaban la sal. "Los romanos condimentaban con un producto llamado garum que era el líquido que obtenían de poner a secar el pescado", explica Montse Comas, arqueóloga del museo badalonés. Como este producto es difícil de conseguir, se puede sustituir por otro similar llamado nuoc mam, típico de la cocina vietnamita y que se puede encontrar en algunas tiendas especializadas.
Sin cubiertos
Antes de continuar con los alimentos, hay que tener en cuenta la ambientación del comedor. Utilice una vajilla de barro. También puede ser de plata u oro, pero el presupuesto se disparará. Olvide los cubiertos, no los necesitará. Los romanos comían con los dedos, por lo que deberá trocear toda la comida antes de servirla. Utilice unas lámparas de aceite para iluminar la sala, donde deberá instalar tres camas en forma de U. Es el llamado triclinium, donde los romanos se recostaban para comer, apoyándose en el brazo izquierdo y dejando la mano derecha libre para atrapar los alimentos.
Para preparar una cena romana no pueden faltar los huevos. Si son de perdiz, mejor, pero los de gallina también sirven. Los romanos siempre iniciaban el ágape con una ingesta de huevos duros. El gustatio o aperitivo lo puede completar con unas aceitunas adobadas, unos trozos de zanahoria fritos en vino y unos mejillones hervidos en vino blanco con puerro picado y comino.
Para el primer plato puede elaborar unos puerros a la brasa (envueltos en hojas de col), unos champiñones fritos en una mezcla de aceite y miel, unas sepias troceadas hervidas en su tinta y acompañadas con guisantes hervidos, unas albóndigas de carne con puré de habas y unos garbanzos hervidos y aderezados con una salsa hecha de garum, vino y pimienta.
Tenga en cuenta que podrá añadir a estos platos la mayoría de plantas aromáticas que conozca: menta, tomillo, ajedrea, orégano, hinojo, poleo, perejil y todas cuantas se le ocurran. Los romanos usaban estas plantas en cantidad para camuflar el mal olor y sabor de los alimentos que no eran frescos.
Como plato principal puede preparar casi cualquier pescado o carne hecho a la brasa y acompañado de una salsa hecha con un poco de aceite, hierbas aromáticas y un poco de vino. De postre o secunda mensa se pueden servir frutos secos y frutas frescas (uvas, granadas o higos), o preparar algo más elaborado como unos dátiles rellenos de nueces y fritos en miel.
Vino o hidromiel
Para regar el banquete puede tirar de cualquier vino, pero mejor que sea joven. Los romanos utilizaban el zumo de la uva tanto para beber como para cocinar. Aunque si quiere ser original hasta en la bebida, pruebe con hidromiel. Llene una botella de agua, añada miel (la cantidad queda al gusto de cada uno) y, sin tapar, deje que la mezcla fermente durante una semana.